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Por:
Igor de Gandarias.
La multifacética personalidad
y el poderoso ímpetu vital de José Escolástico
Andrino le permitieron distinguirse en la vida cultural de Centro
América a mediados del siglo XIX como compositor, director,
violinista, cantante, pedagogo, historiador y hombre de política.
Andrino proviene de una familia de músicos formada por una
constelación de compositores e intérpretes: su abuelo
el compositor José Andrino
(1),
activo a fines del siglo XVIII, construyó contrabajos en
Guatemala antes de que se conociera el europeo hasta mediados del
siglo XIX (Álvarez, 1888: 3); su padre, Valentín,
era violinista; su hermano Máximo, fundó y dirigió
la más importante Escuela de Música de Guatemala del
siglo XIX, alrededor de 1830 (Vásquez, 1950: 76) y sus hermanos
Leandro, cantante y principalmente Pantaleón
(2),
compositor, brillaron en la vida musical de Centroamérica
durante la segunda mitad del siglo XIX.
No se ha encontrado aún la
partida de nacimiento de José Escolástico, sin embargo
por los datos ofrecidos en su acta de matrimonio asentada en San
Salvador el 14 de mayo de 1846, cuando contaba con 30 años
de edad, se sabe que nació en la ciudad Guatemala entre el
mes de junio de 1816 y el mes de abril de 1817, siendo sus padres
Valentín Andrino y Ana María Vargas
(3)
. Recibió sus primeras lecciones de solfeo
y violín con su hermano Máximo (Álvarez, 1888:
3).
En 1835 Valentín Andrino
fallece heredando sus bienes a Máximo, su hijo primogénito,
ya que su esposa había fallecido anteriormente. Máximo
se hizo cargo de pagar la hipoteca que desde 1818 pesaba sobre la
casa donde vivían (AGCA: 1835. B80.2, Exp. 22788 Fol. 4).
El impacto que causó en el joven José Escolástico
quedar sin padres y sin bienes fue la razón que lo impulsó
a salir de Guatemala, según él mismo informa: “
…. el destino a mi pesar me ha condenado a habitar otro suelo
por espacio de seis años, precisamente en la época
en que por mi juventud y reciente aprendizaje debía haber
recojido á la faz de mis contemporáneos el fruto de
mis desvelos, al mismo tiempo que haber estudiado como me habia
propuesto, hasta lo mas oculto del arte; mas la muerte de mi padre,
fue la causa no solo de este cambio repentino, si que también
el haberse frustrado en parte mis planes de adelantamiento.”
(Andrino 1847: 46).
Durante este lapso de tiempo viaja
a Cuba, donde se desempeña como violinista en el Teatro Tacón
de la Habana (Sáenz, 1997: 36). Su experiencia en este país
antillano y su vehemente espíritu de actualización
técnica y teórica contribuyeron a que a su regreso
a su país de origen, se diera a la tarea de escribir sobre
diferentes aspectos de teoría, enseñanza e historia
musical de Guatemala. Luego de algunos años de profesar la
música, finaliza sus escritos, en San Martín Jilotepeque,
dándolos a conocer a sus compañeros de profesión
en 1843 (Ibíd. Fol. 2). Cuatro años más tarde,
recordando ese momento el autor escribe: “En aquel tiempo
casi quedó incompleto mi trabajo á causa de algunos
atrazos. Mui pocos filarmónicos, vieron mis escritos y aun
yo mismo por mi poca salud, no habia tenido valor de reformarlos…”
(Ibíd.).
Utilizando parte de los manuscritos logró publicar en Guatemala
un “Método Circunstanciado” con el título
de “Adición” (Ibid.).
Cuatro años mas tarde revisó y preparó los
escritos para su publicación por la Imprenta del Estado en
San Salvador, siendo el libro terminado el 11 de noviembre de 1847,
con el título de “Nociones de Filarmonía
y apuntes para la historia de la música en Centro América”.
(Andrino, 1847: Fol. 5). Este hecho marcó un hito en la historia
musical latinoamericana ya que vino a constituir la primera publicación
en el Nuevo Mundo de un libro de teoría e historia musical
de autor local. Es importante recordar que los libros sobre música
que se habían impreso con anterioridad en el continente no
consideraban la historia sino sólo aspectos técnicos
y teóricos de la disciplina, tal el caso de la Suma
de todas las reglas del canto llano escrita por el
organista español Fray Antonio Martínez y Coll, publicada
en Madrid en 1719 y reimpresa en Guatemala en 1750 por la imprenta
de Sebastián Arévalo y El Arte de Solfejar
escrito por el compositor brasileño Luis Álvarez,
publicado en 1761 (Behague, 1995: 14: 759).
Al inicio del libro, con impresionante
modestia y conciencia de los alcances de su trabajo, Andrino lo
autocalifica, apuntando que el no tratar la materia musical detenidamente
no le merecería el título ni de Nociones (Andrino
1847: Fol. 5). Luego, conciente que no existían publicaciones
similares anteriores, explicita sus motivos para escribirla, observándose
su profundo deseo de mejorar las condiciones de la enseñanza
musical, sistematizándola, para lo cual propone su institucionalización
a través de la creación de una Academia, y su deseo
de valorar históricamente la profesión musical de
su país. Dice el maestro: “Para formarla tuve varios
motivos: “1º. romper el profundo silencio interesando
á los filarmónicos á ilustrar la facultad música:
2º. fijar las varias opiniones sobre formar una academia: 3º.
esponer mi opinion con respecto á algunas cosas anexas a
la música; y 4º. presentar ante el público al
gremio tal cual se halla en la actualidad” (Ídem).
La segunda salida de Andrino fuera
de Guatemala fue definitiva, más larga y fructífera.
Desde 1845 hasta su fallecimiento en 1862 reside en El Salvador
donde desarrolló extensa labor como compositor, director,
fundador de la primera orquesta de San Salvador, pedagogo y funcionario
público. El primer dato de su presencia en este país
Centroamericano se encuentra contenido en un acuerdo emitido por
el Supremo Gobierno de la República el 15 de octubre de 1845
ordenando a la Tesorería pagarle su trabajo como Maestro
de Capilla de la Catedral a razón de de treinta y cinco pesos
a partir del mes de junio anterior, en virtud de que los fondos
de la Iglesia no podían cubrir tal gasto. El mismo oficio
revela y magnifica el valor del trabajo de enseñanza realizado
por Andrino en ese momento
(4)
. Andrino nos informa del suceso en los siguientes
términos: “El año de 1845, habiendo pasado por
la capital del Estado del Salvador con direccion al Sur fuí
propuesto y se me dió destino de Maestro de Capilla de la
Santa Iglesia Catedral. Detenido de esta manera al empezar mi segunda
expedicion al estranjero, me fué preciso contraerme de nuevo
á la música en Centro-América y dedicar mis
desvelos á la juventud, siendo el resultado haber revivido
la idea de imprimir para los intelijentes mis Nociones” (Andrino,
1847: Fol. 2).
A su llegada a San Salvador, José
Escolástico, quien había sido invitado por el primer
obispo de El Salvador Jorge Viteri y Ungo, canaliza y conduce la
actividad musical local creando, con el apoyo del prelado, la primera
escuela privada de música que se inició con nueve
alumnos: Juan Alas, Luz Fuentes, Antonio Celada, Gabriel Montoya,
Laureano Campos, Cosme Damian, Félix Castro, Damaso García
e Hilario Reyes a los que se sumarían, dos años mas
tarde, Ponciano Cruz y Rafael Olmedo joven violinista, este último,
que llegaría a ser uno de los principales y más pródigos
compositores de El Salvador a finales del siglo XIX (González
Sol, 1940: 20). La gratitud de Andrino al obispo Viteri quedó
plasmada en la dedicatoria que le hizo de su obra Summun
Regem Gloria para cuarteto vocal con acompañamiento
de orquesta, la cual fuera ejecutada en los maitines de la fiesta
del Divino Salvador el 5 de agosto del mismo año de 1845
(5)
.
El calor humano del pueblo salvadoreño
no tardó en encantar al joven maestro quien el 14 de mayo
del siguiente año se casa con Gertrudis Lara, hija natural
de Toribia Lara, siendo testigos los señores Pablo Bejar,
Mariano Leiva y Fermín Díaz (los dos últimos,
vecinos de Guatemala) (6)
de cuya unión nacieron Jesús, Rosario,
Mercedes y Joaquín
(7)
. Para ese tiempo residía en la villa de
San Martín situada, al este de la capital, en el mismo departamento
de San Salvador, donde compuso en 1846, su Terceto al
Santísimo
(8)
(Antología No. 8).
A partir de 1848 se consolida como
maestro de capilla de la Catedral gracias al apoyo que le brindara
el padre cura del Sagrario Ignacio Zaldaña, bajo cuya petición
el Supremo Gobierno acuerda erogar la cantidad de 250 pesos al año
del rubro de Fondos Extraordinarios para cubrir el pago del salario
de Andrino, ya que la Catedral continuaba sin fondos para pagarle
(9).
El 18 de Agosto de este año Andrino publica en La Gaceta
del Salvador una crónica de las actividades musicales llevadas
a cabo dentro de la celebración de la fiesta patronal del
Salvador, en las que participa como director y compositor. Aquí
informa del estreno de los Kyries y el
Agnus y otras piezas que compuso para
la misa del día principal de la fiesta, así como la
ejecución de trozos de sinfonías y la obertura de
Norma de Vincenzo Bellini (1801-1835)
(10),
lo cual indica no sólo la magnitud del repertorio que ejecutaba
sino el respeto y su personal admiración hacia el trabajo
del gran compositor italiano. Ese mismo año compone el Villancico
a Nuestra Señora y la Tonada a
Nuestra Señora de Concepción (Nos. 6
y 28 del catálogo)
(11)
. Fuera de su trabajo al frente de la orquesta y
coro en la Catedral, Andrino mantiene en ese momento nexos comerciales
con su país de origen trabajando como agente encargado de
la revista guatemalteca El Álbum Republicano,
que se distribuía en San Salvador
(12)
.
Su trabajo como profesor e impulsor
de juventudes musicales quedó registrado en diferentes programas
y crónicas de conciertos que ejecutaba periódicamente,
dirigiendo la Sección Filarmónica, donde siempre daba
oportunidad a sus discípulos a mostrar sus adelantos y habilidades.
Así por ejemplo, la Gaceta publica una reseña del
sexto de estos conciertos, efectuado el 13 de enero de 1849 en el
edificio del Congreso (13),
donde aparecen dos de sus alumnos ejecutando importantes papeles
como concertistas. El mismo documento permite observar la versatilidad
compositiva de Andrino al incluir en el programa cinco obras diversas
de su pluma: dos piezas concertantes, la Fantasía
para violín obligado, ejecutada por su alumno
el joven violinista Rafael Olmedo de 12 años de edad y la
Melodía para Corneta Pistón
ejecutada por otro de sus alumnos, el joven Laureano Campos; un
Dúo y un Quinteto
de su ópera La Bella Mora ejecutados,
el primero, por Luis Cromeyén y Andrino y el segundo por
Leonardo Castillo, Luis Cromeyén, Leandro Andrino, otro alumno
y el mismo Andrino, informándonos con ello de la actividad
que como cantantes mantenían Escolástico y su hermano
Leandro. El programa consigna además la ejecución
de tres movimientos de su Sinfonía No. 3
(Allegro, Minueto y Allegro), revelándonos la amplia experiencia
e inquietud del compositor en el género sinfónico
a pesar de su relativa juventud. Finalmente el programa incluye
el estreno de un vals para orquesta: La Delfina.
El articulista de la Gaceta encomia el trabajo formativo desarrollado
por Andrino en los siguientes términos: “Afortunadamente
el Sr. J. Escolástico Andrino ha venido a establecer entre
nosotros y con infatigable celo se ha dedicado exclusivamente a
la enseñanza de nuestra juventud”
(14)
.
Es importante observar que la escuela
de Andrino creció en alcance hasta atender a estudiantes
de todos los instrumentos como lo atestiguan los diferentes métodos
con que contaba su archivo luego del terremoto de 1854
(15),
entre ellos: Método de flauta de Masescot, estudios para
la flauta, Leccionario de viola, Grande Método de Corneta
Pistón por Ramani, Principios de teclado, Método de
órgano expansivo, Método de Clarinete por Federico
Bea, Método de Clarinete por Gambano, Método de Violín
por M. Coset, 24 caprichos para violín de Paganini, Instrucción
para aprender el mecanismo de la Trompa y el Método de Fagote
por Blumen. Igualmente empleaba, tríos, cuartetos y quintetos
de Joseph Haydn, Joseph Pleyel y Amadeus Mozart, para la práctica
de música de cámara
(16)
.
Su densa agenda de trabajo musical
no le limitó para desempeñar diferentes puestos como
funcionario público. Es así como en el mes de febrero
de 1849 funge como Regidor del Cuerpo Municipal y forma parte de
la comisión nombrada para acompañar a Ocotepeque al
nuevo Obispo de San Salvador Tomás Zaldaña con motivo
de su consagración (García, 1952, I: 436). Al mes
siguiente prepara, junto a Mariano Villavicencio un proyecto para
nombrar las calles de San Salvador el cual fue aprobado en marzo
de ese mismo año (Ibíd.: 438). Ese mismo mes aparece
como Alcalde 1º Constitucional por depósito de vara
anunciando un nuevo empedrado de las calles de San Salvador y publicando
un reglamento para llevar a cabo el trabajo
(17)
.
Entre 1849 y 1851 se desempeña
por primera vez como Administrador General de Correos, sustituyendo
al señor Manuel Irungaray (Díaz 1928:69). En marzo
1850, desde ese puesto, trabaja además como corresponsal
en San Salvador del agente general de correo de ultramar, Julio
Rossignon, quien acababa de formar en Sonsonate un depósito
central de libros donde se venderían a precios cómodos
obras sagradas, de legislación, literatura y ciencias
(18).
A fines de ese mismo año denuncia públicamente a los
editores de la Gaceta la violación de su correspondencia
particular enviada desde México por el Sr. General Pedro
María Anaya, Administrador de Correos de República
Mexicana, perpetrada en el tránsito por Guatemala. Los editores
de la Gaceta condenaron el hecho informando que sobre las cartas
se habían escrito una serie de insultos e indecencias contra
los salvadoreños
(19).
Su actividad musical en 1850 continúa
intensa y sin descanso. Actúa, como en años anteriores,
en las solemnes ceremonias religiosas de la fiesta patronal en agosto
y durante la celebración de la independencia en septiembre,
ejecutando sus canciones patrióticas. Similarmente continúa
impulsando los conciertos de la Sección Filarmónica
que ahora realiza en su residencia en San Salvador situada en la
Casa # 1, calle del Comercio, frente a la Soledad. Queda memoria
de dos de estos conciertos ofrecidos el 15 y 16 de octubre cuyos
programas muestran una mezcla de variados estilos y dimensiones
de composiciones que incluían autores contemporáneos,
desde piezas concertantes y sinfonías como el Concierto
para violín y la Sinfonía
No. 23 de Joseph Haydn (1732-1809), pasando por overturas
de óperas como La Hija del Regimiento
de Gaetano Donizetti, La Italiana en Argel
(1813) y la Cenerentola (1817) de Gioachino
Rossini (1792-1868), hasta piezas de salón como Polcas
y Valses del propio Andrino. Otras piezas
de su autoría que fueron escuchadas en esos conciertos son
la overtura La Cesarína, el dúo
No. 12, un terceto y el final fugado del segundo acto de su ópera
La Bella Mora en cuyas ejecuciones participaba
como cantante (García 1952, I: 454-55).
A partir del año 1852 su
fortuna política decae. Por motivo de la firmeza de sus opiniones
en El Rol y el Siglo, de los cuales fuera editor, donde defendía
los fueros populares contra el gobierno de turno, sufre de persecución,
se le prohíbe el uso de su imprenta y se le manda salir fuera
del Estado en un término perentorio
(20),
además el gobierno suspende la erogación de fondos
para pagarle como Maestro de Capilla de Catedral
(21).
No obstante Andrino se mantiene dirigiendo la orquesta y capilla
de la Catedral e iglesias filiales, como lo confirma en la defensa
que hiciera ante un artículo de La Gaceta que criticaba la
música del templo en 1853(22).
Aquí el maestro explica el cuidado que ponía al escoger
escrupulosamente el repertorio que empleaba de manera que fuera
congruente para la ocasión en que sería usada. Defiende
el empleo de música instrumental en la iglesia argumentando
que la práctica tradicional de tocarla indistintamente en
los templos, conciertos y teatros. Para justificar la propiedad
de los textos en castellano que emplea, informa: “Al menos
mi repertorio de música se compone de poesías de Montoro,
La Colmena periódico español, Herrarte, recomendable
canónigo guatemalteco, Gomez (don Ignacio) y otros muchos
inteligentes”(23).
Luego del terremoto que asoló
la capital salvadoreña el 16 de abril 1854, levantó
un inventario de las partituras con que contaba su archivo, localizado
en ese momento en Tonacatepeque, formando un manuscrito de 11 folios
titulado Inventario de los papeles de música
de José Escolástico Andrino, que salieron de la ruina
de San Salvador el 16 de Abril de 1854(24).
La importancia de este documento es que permite conocer la dimensión
y tipo de composiciones manejadas por Escolástico Andrino,
que son representativas del repertorio centroamericano a la mitad
del siglo XIX. Se registran allí alrededor de 500 títulos
correspondientes a obras, libros, métodos y colecciones de
autores centroamericanos y europeos que formaban su archivo. El
listado se encuentra organizado en nueve grupos principales de acuerdo
al fin y ocasión en que las composiciones eran empleadas:
Difuntos, Misas, Pasión, Santos, Navidad, Santísimo,
Salves, Nuestra Señora y música instrumental para
tocar en la iglesia y en otros lugares. Más del 50 por ciento
de las obras consignadas corresponden a composiciones de artistas
guatemaltecos, lo que informa de la importancia que Andrino otorgaba
a la composición local y su papel como difusor y enlace cultural
entre ambos pueblos. Entre estas obras se encuentran composiciones
del siglo anterior como las de Ventura Portillo, Ciriaco Barahona
y Vicente Sáenz; obras de autores de principios del siglo
XIX como Francisco Antonio Godoy, Eulalio Samayoa, Juan de Jesús
Fernández, y también trabajos de sus contemporáneos
como Remigio Calderón y sus hermanos Leandro y Pantaleón
Andrino. Resulta interesante observar que más de la cuarta
parte de las obras consignadas en el “Inventario”
son atribuidas al propio Andrino, citando 166 títulos, que
incluyen variadas formas de la música vocal e instrumental
que se consideran luego en este estudio.
En 1856 Andrino vuelve a hacerse
cargo de la Administración General de Correos sustituyendo
al señor Mariano Dorantes, introduciendo mejoras como la
reglamentación de la llegada de la correspondencia por medio
de señales. Luego el 24 de febrero de 1858 fue nombrado Gobernador
Suplente del departamento de San Salvador y propietario el mismo
año (Díaz, 1928: 69-70). El puesto lo conservó
hasta el día de su muerte el 14 de julio de 1862(25).
Sus actividades burocráticas ocuparon su tiempo en detrimento
del desarrollo musical local, uno de cuyos resultados fue la disolución
de la orquesta. Un comentarista de la Gaceta del Salvador del 28
de diciembre de 1859 se queja de la falta de estímulo para
los filarmónicos, lo que no permitía tener una mediana
orquesta. Añoraba que Andrino regresara a dedicar parte de
su tiempo a promover el adelanto musical (García II: 39).
Su trabajo artístico al servicio de la iglesia y la comunidad
había mermado pero aun participaba realizando conciertos
esporádicos y actuando para ocasiones especiales como la
organización de la música de los servicios fúnebres
de doña Petrona Espinosa (madre del General Gerardo Barrios,
presidente de la República), en 1860 (García 1952,
II: 40).
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